La chica acaricia el rostro del chico , lo acaricia lentamente y de la manera más tierna que nunca se a podido lograr y miraba sus ojos, sus bellos ojos, que siempre la enamoraron, que siempre estuvieron allí de forma indispensable como el corazón. Se sentía segura y sabía que jamás podría a verlo estado como ahora.
Iban caminando entre los árboles y miraban con una placidez total, tal como si fuera el último día del mundo, o quizás no. Tomados de la mano se sientan en un banco, de color verde y sus bordes negros. Comienzan a mirarse uno al otro, el chico comienza a hablar diciéndole lo bella que esta hoy, ella le susurra al oído que lo ama, y no es necesario que la ame por lo que pueda mostrar físicamente, sino que la ame por su vestido interior, por su alma. El chico la mira, la besa, y le toma la cara con sus dos manos, tal como el último día, tal como si se acabara el mundo. Ella lo abraza y al momento se miran tan de cerca, tan cerca como nunca se habían mirado y en eso ella sonríe, le pide una promesa, le pide que la ame, y con eso se podría morir en paz.
El chico levantándose del banco junto a ella, se cuestiona muchas cosas, pero luego dejo las dudas cuando ella lo comienza a besar nuevamente, tan puro, tan especial, como siempre él quiso que lo hiciera. Caminan un momento y ven un sitio en donde venden café, entran y se sientan. Al momento piden uno cada uno, él le ofrece una dona, y ella un mofin, pero ambos rechazan sus ofertas, solo querían tomar café, nada más que un simple y caliente café. Al transcurso que les iban sirviendo el café el recuerda los dichos de su novia y de una tal promesa, que siempre se le quedo en duda, pero se le había olvidado o ella lo hizo olvidar. Le pregunta de aquel tema, pero ella desvía el tema, diciéndole lo rico que puede llegar a ser un simple café de Providencia, de lo hermoso que es la comuna y lo feliz que llega a ser junto a él. Aquel no entendía las razones, pero la amaba y quería que se sintiera cómoda y comenzó a seguirla en el tema del cual hablaba. Hasta que llega un momento en el que la chica se para de su asiento (cuando ya ambos terminaron el café) y le dice que desea caminar, y contarle cuanto lo ama y otras cosas que le deberían importar y quizás impresionar o tal vez no. La cosa fue sencilla, ambos se pararon y salieron del local donde tomaban café, ella le tomo la mano y él se la apretó Iban caminando ( nuevamente entre árboles) y ella le pide un favor, él con gusto la comienza a oír y sintiendo (aún) ese miedo del principio, del temor y desconfianza, que parecía un presentimiento masculino, lo cuál muy poco lo llegarían a percibir o quizás no. Ella le cuenta que se irá a otro lugar, quizás lejos de aquí y no lo volvería a ver, pero que si la amaba tanto él la llamaría. Entonces el le dice " y por que tú no?, sé, es un poco patudo de mi parte, pero en esta pareja somos dos, y ambos tendríamos que llamarnos". Ella lo mira (no con cara de enojada, no con cara de furiosa, ni complicada, sino de pena) le susurra al oído y le dice "Amor, perdóname, cuando me llegues a llamar te enviaré cartas, siempre estaré en contacto contigo, y espero que tú me las respondas siempre, bueno?" .......
Continuara....
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